No fue un instante,

ni un cruce perdido del destino,

fue el universo inclinándose en silencio para unir tu nombre con el mío.

Te encontré…

y no hubo dudas, ni vértigo, ni prisa, hubo

una calma que lo dice todo,

como quien, después de mil caminos,

por fin reconoce su hogar en unos ojos.

Los tuyos no me miraron, me encontraron.

Y entonces supe, sin miedo,

con una alegría que no cabe en el pecho,

que no eras un intento ni un acaso,

sino el amor hecho destino.

Porque lo nuestro no se busca,

no se pierde,

no se rompe…

se encuentra,

y al encontrarse,

se queda para siempre.

Javier

Donde siempre te encuentro.

Momentos

Recuerdos que guardamos con cariño y emoción.